Informa de Japon         Luisa Guillén Prince

Hace unas semanas regresé de Japón tras haber estado dos semanas, durante mi estancia

pude desconectarme un poco de mi vida en México y sumergirme de lleno en la cultura
japonesa, más allá de un viaje de turismo común.
Una de las cosas por las que pude experimentar el modo de vida japonés, fue porque viví
en un “danchi” junto con dos compañeras. Un danchi es un conjunto de edificios
departamentales, caracterizado por su espacio reducido. Para mí fue muy interesante, pues
es diferente a los departamentos que conozco en México. El piso era de tatami, el
tradicional piso tejido japonés, por lo que nos teníamos que quitar los zapatos al estar en la
casa. Algo que también fue nuevo para mí fue que dormimos en futon, un delgado colchón
que se usa para ahorrar espacio. En un principio pensé que no aguantaría y me dolería la
espalda, pero desde la primera noche cambié de idea ¡es muy cómodo!

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Otra razón por la que pude vivir la cultura japonesa de cerca, fue porque tuve la oportunidad

de convivir y trabajar con estudiantes y profesores japoneses. Me llamó la atención como,
sin dejar de ser muy respetuosos y profesionales, pueden ser muy divertidos y con buen
sentido del humor. Los estudiantes japoneses siempre se ofrecieron a ayudarnos y
acompañarnos, nos llevaron a conocer Tokio y algunas ciudades cercanas, y gracias a ellos
pudimos conocer lugares y comer cosas que no hubiéramos conocido sin ellos.
También los japoneses nos mostraron la comida auténtica japonesa, que es muy diferente
al sushi que conocemos. Yo en particular soy muy difícil para la comida y estaba
preocupada pues sabía que me iba a encontrar con muchos sabores nuevos. Pero quedé
sorprendida, ya que descubrí que la mayoría de la comida, aunque era diferente era muy
buena. Por una parte tenemos ciertos sabores que nos parecen muy raros al principio y
algunos son casi imposibles para la mayoría de los mexicanos, pero por otra parte están
sabores nuevos con los que quedamos maravillados.
Comer usando palillos fue sin duda un reto, pero los japoneses nos explicaron muy bien
cómo hacerlo, y con unos días de práctica me di cuenta de lo fácil, y divertido, que puede
ser.

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Algo que no voy a olvidar son los templos japoneses, que no son nada parecidos a las

iglesias en México. Para llegar tienes que caminar por un camino en un parque, al llegar te
tienes que lavar las manos y la boca en unas fuentes que están afuera. Adentro hay unos
contenedores donde la gente avienta monedas para tener buena suerte y pedir deseos. Los
templos son muy bonitos y sus edificios muy diferentes a los que conocemos.
En general estar en Japón es una experiencia muy tranquila, pues es un país muy seguro y
las personas son muy amables y serviciales. Creo que como mexicanos tenemos mucho
que aprender de ellos, así como ellos de nosotros, por lo que la convivencia es muy
placentera y el intercambio cultural es muy enriquecedor.

 

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